martes, 19 de octubre de 2010

PADRE PÍO



En la anterior entrada hablamos de la purificación pasiva y de la vida mística.
Los santos son nuestros hermanos mayores porque vivieron de una manera extraordinaria lo que nosotros
estamos llamados a vivir de manera ordinaria, según nuestra propia vocación, nuestro estado de vida y aquel lugar en el que Dios nos ha puesto para recibir lo que luego debemos dar.
Hermanos mayores que nos enseñan, nos previenen, nos advierten y exhortan a avanzar en el único y estrecho camino que conduce a la salvación eterna.
San Pío de Pietrelcina, conocido también como el padre Pío, es un sacerdote Franciscano de la familia de los Capuchinos que marcó la espiritualidad católica con sus dichos y sus hechos.


Fue puesto a parte desde el vientre de su madre, como Juan el Bautista, para recibir la misión de ser un signo para los hombres de su generación y para toda la Iglesia. 
Francesco Forgione, que era su nombre de pila, desde muy temprana edad y con toda naturalidad tenía conversaciones con su ángel de la guarda y esto ocurrirá durante toda su vida. Después de su primera comunión a los cinco años, veía a la Virgen María y un día vio también a Jesús que en ese encuentro despertó su vocación. En su inocencia el pensaba hasta un cierto tiempo que esto le ocurría a todo el mundo. 
También desde niño sufría ataques del maligno que lo acosaba y trataba de infundir miedo en el pequeño. Pero esto no hizo sino acrecentar su fe y amor por la Virgen y Jesús.


A los 15 años ya ingresaba en el convento Franciscano de los Capuchinos y a los 23 recibía el Orden Sacerdotal. Pero entre tanto, su vida interior se desarrollaba vigorosamente y su salud se fue haciendo muy frágil, cosa permitida por Dios para que nadie confunda a las obras con el Autor.

De los dones extraordinarios que recibió este santo religioso y sacerdote destaca el de los estigmas.
Para el fue cosa muy difícil de llevar porque cuando entró en el convento de san Giovanni Rotondo lo hizo para vivir una vida escondida, humilde y en la oración. Pero el Señor tenía otros planes para el, sabido es que "El exalta a los humildes"
Otra gracia que recibió fue el don de la bilocación, el don de hacer milagros, el de curación y el de la palabra de conocimiento, este último carisma se manifestaba de manera muy aguda, sobre todo en el confesionario donde pasaba jornadas enteras hasta muy entrada la noche porque veía la urgencia y la prisa que tenía Dios en rescatar a los que se perdían. Para el era este el lugar de combate con el demonio quien le buscaba y atacaba permanentemente.


El padre Pío tuvo que sufrir mucho por amor a Jesús. la Iglesia abrió un proceso de investigación para someter a discernimiento el origen de sus estigmas. La situación se vio complicada por la incontenible devoción popular que este hecho despertó y la forma cómo las personas venían desde lugares muy lejanos a buscar al santo estigmatizado.
Su fecundidad espiritual es grande, formó grupos de oración para promover la fe y la practica de la vida devota. Subrayó la infinita importancia del sacrificio Eucarístico y el don que recibimos del altar.
Su preocupación era los pobres y enfermos, razón por la que, por mandato de Dios, emprendió la construcción de un hospital y un centro de acogida al que llamó "Casa del alivio del sufrimiento".
Pero su legado es también el que recibimos cada uno de nosotros, su ejemplo de amor y fidelidad a Dios. Ejemplo que nos lleva por el camino de la perseverancia en medio de todas las dificultades que puedan surgir.
El Padre Pío, como ocurre con todos los santos, continúa su misión de intercesión en favor de la Iglesia que peregrina. Podemos en verdad contar con este "hermano mayor" que brilla hoy en el firmamento de nuestro amado Dios.



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LA PELÍCULA



Con alegría vemos desde hace algún tiempo que en diferentes partes, algunos cienastas dedican tiempo a este tipo de películas. Hay un resurgimiento del cine espiritual que no es masivo, pero que aparece como respuesta a la inquietud que más justo sería llamar sed espiritual.
Vimos desde hace tres decadas desplegarse el proyecto de llevar al cine toda la Biblia y así aparecieron en diferentes capítulos del Génesis al Apocalípsis, toda la Historia Santa llevada a la pantalla chica.
Recuerdan seguramente ustedes que algunos años atrás durante la Semana Santa, siempre proyectaban las mismas películas. Luego vinieron otras producciones como la del Juan XXIII, el Papa de la Paz, Santa María Goretti, Santa Rita de Cascia y entre otras, esta que comentamos hoy, la del padre Pio.
Por lo que significan y por ser ellas instrumento para la evangelización es bueno y necesario comprometer nuestra oración para que Dios siga obrando en el mundo del arte cinematográfico, mundo que como sabemos es contrario a la fe y otras muchas contrario también a la verdad.


Carlo Carlei, director de esta película, consigue con ella y de lejos su mejor logro.
Posteriormente lo vemos aparecer en el filme "La última legión" pero no obtiene el resultado que tiene la historia del padre Pío. Por su parte, Sergio Castellito, reconocido actor italiano, interpreta con mucha eficiencia y gran profundidad el papel del santo sacerdote.
El telefilme es generoso en detalles y en el tiempo. Son 200 minutos durante los cuales el espectador no pierde el interés por lo que se muestra. Este es el mejor signo de una buena realización, tanto más si el contenido es bastante fiel a la historia real en cuanto al fondo.




Alguien decía que la película había exagerado demasiado con respecto al tema del demonio en la vida del padre Pío. No lo creo, puedo decir exactamente lo contrario. Como el santo Cura de Ars, san Pío de Pietrelcina estuvo permanentemente acosado por el maligno. En la hagiografía vemos como algunos santos conocerán estados de obseción y opresión como parte de su crecimiento interior. Es cierto, no se crece sino en la prueba, en el momento de la adversidad el santo recurre a su Fuerza que es Dios y en el se forjan todas las virtudes que serán las victorias de cada combate espiritual.
Le conocía también porque los santos son prudentes y sabios. Nadie va a la batalla sin conocer a su enemigo, sería un desastre hacerlo. padre Pío decía:
"El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Mantente, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará"



Es de resaltar como a medida que va transcurriendo su vida, el padre Pío crece en santidad y en fecundidad. Los hijos espirituales no son pocos. La película muestra solo algunos rostros, pero los hijos espirituales del padre Pío van desde sacerdotes, religiosos, laicos celibes y matrimonios. El habla con la autoridad que le da el Señor. Vienen a presentarle desde las cosas más simples hasta las complicadas. Siempre hay una respuesta que es acogida como venida de Dios.
Son muchas las personas que encontraron la fe a través de la interseción y el encuentro con este santo hombre.
El consejo que más resonó en el interior de los que le escucharon fue el siguiente:
"Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración..."



Finalmente les animo a hacer todo lo posible por ver esta película, les aserguro que algo bueno les dejará, algo que habrá que guardar en el corazón y meditar.
Se dice que no somos nosotros que escogemos a los santos sino que son ellos los que nos escogen.
Cada uno tiene una llamada personal y particular y esto hace que tú y solamente tú puedas amar a Dios de esa manera única.
¿Comprendes el alcance de esto...?
Hay dos cosas que Dios no tiene y que solo uno como persona individual puede ofrecerle. En primer lugar su pecado. De cierto que es de uno y es algo que no le pertenece a Dios, pero el ha muerto literalmente en Cristo para que se lo entregues y no lleves esa carga inutil y paralizante. Y la segunda cosa es tu sí. Nadie puede amar a Dios y a los demás en tu lugar, esto te hace único e irrepetible. Nadie puede decir sí a la misericordia y a la gracia en tu lugar. Eres tú que haciendo buen uso de la libertad puedes escoger ser feliz y siéndolo hacer felices a los demás.
Pero por otro lado también compartimos varias cosas en común y es eso lo que nos hace hermanos en la fe. Entre otras, las dos principales son la necesidad de la conversión y la necesidad de llegar a la meta, alcanzar el fin último de nuestras vidas que es la santidad. Digo esto porque imagino que todos queremos ir al Cielo.
Por eso, después de ver la película recomiéndenla a vuestos amigos, traten de difundirla en medio de las familias.
Es un film hecho para ver en familia.
Las cosas que los niños no entiendan bien, serán la oportunidad para los padres de ejercer esta maravillosa responsabilidad de educarlos en la fe. Esa esa nuestra gran misión, hacer de nuestros hijos hombres y mujeres de bien.
La fuente del bien es Dios, porque no que Dios sea bueno:
¡El ES el Bien...!



Les dejo entonces este trocito de la historia.
En particular me marcó mucho el ejemplo porque es verdaderamente brotado de la sabiduría Divina...
"Todos estamos sentados en un taburete bajo"

"Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: "¿Qué quieres que te haga?" El ciego le dijo: "Maestro, ¡que vea!"
Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado." Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino"
Mc 10, 46-52









lunes, 18 de octubre de 2010


EL DIARIO DE UN CURA RURAL




Hola a todos los seguidores y lectores del Cine Católico y Espiritual.
El día de hoy, fiesta del Evangelista san Lucas, vamos a hablar de esta película
tan especial, como especial es su director Robert Bresson, titulada “Le Journal d’un curé de campagne” o “El diario de un Cura Rural”

Esta no es cualquier película. La crítica especializada la tiene como obra maestra de Bresson junto con sus otros filmes “El proceso de Juana de Arco”, “Mouchette” y “Un condenado a muerte se ha escapado”, entre otras más.


 
Antes de comentar la película creo yo que es justo que hablemos del director.
Robert Bresson es un cineasta francés que vivó prácticamente durante todo el siglo pasado (1901-1999). Su vida está marcada por tres temas que son fundamentales para comprenderle: Su fe católica muy ortodoxa, su paso por un campo de concentración y su amor por la pintura y la fotografía.
El “cinematógrafo” Bressoniano es un cine que a propósito escarba en lo simple, en lo más cotidiano para encontrar allí lo profundo de lo humano, lo trascendente y lo espiritual. Es un estilo único inventado por Robert Bresson.
Bresson ha sido calificado por varios críticos de ser poseedor de un catolicismo jansenista, dotado de un rigor y un ascetismo extremo y sin evidenciar una mayor esperanza, lo cual es propio de una fe vinculada solo a la justicia e ignorante de misericordia. Su cine está desprovisto de actores profesionales y esto debido a que Bresson busca de modo infatigable la verdad más pura del personaje, no solo en su imagen sino también en el interior de la interpretación pura y sencilla, despojada de artificios y técnica. Y aún si sus películas están marcadas por algo de esto yo no creo que esta sea una lectura de su estilo del todo justa, por lo menos no lo es en este filme y veremos porque.



"Creo yo no hacer ningún mal
escribiendo aquí, día a día,
con una sinceridad absoluta,
los humildes e insignificantes secretos
de una vida por lo demás sin misterios"



UN JOVEN SACERDOTE EN MEDIO DE LA PRUEBA


“El Diario de un Cura Rural” procede de la obra del escritor francés, católico también, Georges Bernanos y nos cuenta en primera persona la vida íntima, la vida espiritual, de un joven sacerdote poseedor de una precaria salud.
Bresson toma esta historia y la hace suya.
La trama se desarrolla utilizando de soporte la lectura en “off” del diario del sacerdote, creando así una resonancia que llega con fuerza al espectador.
Es sumamente difícil lo que le toca vivir. Su primera experiencia en la “cura de almas” tiene lugar en un pueblo alejado, en medio de la campiña francesa. Lugar habitado por paisanos agrestes y esquivos y por una “familia” que está lejos de serlo, compuesta por un conde, su hija, la institutriz y la condesa que aparece en un muy segundo lugar dentro del grupo.

 
El sacerdote se propone dar lo mejor de sí aunque se encuentra afectado permanentemente por un mal estomacal que le deteriora progresivamente de manera creciente.
Un feligrés viene a golpear la puerta del presbiterio para exigir de manera prepotente un funeral gratuito para su difunta esposa. Las niñas y jóvenes se burlan del cura en la catequesis, el templo yace vacío o casi vacío por que solo asiste a cada Eucaristía una sola persona: la institutriz que se encuentra en una situación moral complicada.
El Sacerdote del vecino pueblo que ejerce autoridad sobre el novato cura, le increpa su falta de fuerza y carácter, su falta de oración y coraje.
Como ven, todo pinta bastante negro. Sin embargo a medida que avanzan las líneas en este tormentoso diario, va surgiendo como en una habitación oscura que deja penetrar por una rendija un solo rayo de luz y este se vuelve tan potente, tanto más cuanto abunda la noche oscura, y un movimiento de esperanza que se levanta esforzado ante la certeza de que Dios obra en medio de nuestras flaquezas.
Un encuentro con la Baronesa será prácticamente el único logro visible para su Ministerio Pastoral.
La enfermedad le va ganando días al breve tiempo que resta, el juicio de la "feligresía" que le ha dado desde un principio la espalda y una soledad enorme pesan sobre las frágiles espaldas de nuestro joven cura.


Una consolación le espera camino a la estación del tren. Un joven motociclista se ofrece a llevarle siendo esta experiencia consuelo para su atribulada alma.
Llegado a la ciudad y por obediencia, debe visitar al médico quien rápidamente le diagnostica un cáncer estomacal.


Los días de nuestro héroe, aparentemente sin batalla ni gloria, se van consumiendo como una lámpara cuya mecha termina de beber la última gota de aceite que le queda.
Dios como testigo del joven cura que muere, lejos de los suyos, lejos de su esquiva parroquia, en un apartamento ajeno y pobre de estudiante, acompañado por su diario, junto a Dios, testigo excepcional de esta noche y la última línea que difícilmente alcanza a escribir, nos revela la grandeza de este santo Cura.
Sus útimas palabras fueron:

¡Qué más da, todo es Gracia!



OBLIGADA LECTURA ESPIRITUAL

Cómo hacer una lectura de este filme sin caer en la fatalidad. Justamente creo que esta es la razón por la que muchos críticos no logran ver más allá del estilo muy particular que posee Bresson, descubren en esta cinta la degustación de fuertes sentimientos no del todo gratificantes y ven aquí el logro que Bresson procura en el espectador. Pero si fuera tal el fruto de la película uno podría preguntarse con suficiente razón si vale la pena verla. Puestos del otro extremo, sería como ver una cinta apuntalada por Sartres quien nos llevará por el camino de la angustia para invitarnos a asomarnos al precipicio de la depresión desde donde propone al espectador el lanzarse sin pensarlo mucho porque “la vida- según el seudo filósofo- es una nausea”.
 He aquí toda la diferencia entre el impío y el creyente.


Es muy injusto quedarse en lo superficial del filme y hay que ahondar en el.

La mejor manera de hacerlo es descubrir su sentido espiritual.
Tengo serias dudas sobre si todos los críticos de cine conocen lo que es la noche espiritual o la purificación pasiva de los sentidos. Solo la Teología espiritual y el testimonio que nos ofrece la  hagiografía de la vida mística puede mostrarnos algunas realidades sin las cuales podemos pasar de largo frente a esta pieza sin entender.
Este joven sacerdote atraviesa por una etapa de la vida mística previa a la unión con Dios y que está dentro de lo que se llama “vía purgativa”. Su deseo es enorme, el solo quiere darse como buen discípulo del Señor, el está dispuesto a darlo todo por amor al Ministerio y a las almas. El ha dicho en su corazón, cuya imagen es su diario: “Señor, te entrego toda mi vida, has de mi lo que quieras”. Dios escucha su oración y le acerca vertiginosamente a El porque sus días sobre esta tierra llegan a su ocaso. 


Y esta purificación se manifiesta cuando son retiradas del alma del creyente las experiencias sensibles de la fe. Parece como que todo el entorno de personas y hechos le dan la espalda y desaparecen como si fueran fantasmas. La vida de oración se torna, por decir lo menos, árida y aparece esta angustia que se hace insoportable, angustia la de creerse abandonado de Dios a quien no se deja de amar y desear ni tan solo por un instante.
Este es el contexto de semejante drama.
San Juan de la Cruz dice en “la subida al Monte Carmelo:

Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que gustas, has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees, has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo, has de dejarte de todo en todo,
Y cuando lo vengas del todo a tener, has de tenerlo sin nada querer.

En esta desnudez halla el espíritu su descanso,
porque no comunicando nada, nada le fatiga hacia arriba,
y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad.

De manera que esta subida a Dios comienza realmente por un gran descenso. 

¿Dónde descendemos?  A lo que en verdad somos, a nuestro polvo, a nuestra naturaleza que es naturaleza caída, herida por el pecado pero levantada por la gracia salvífica de Cristo. Y esta naturaleza es elevada por Dios con nuestra participación. Por eso la vía purgativa se manifiesta primariamente cultivando el espíritu de penitencia, el ayuno, las mortificaciones, los pequeños sufrimientos que voluntariamente ofrecemos a nuestro Dios para que así nos acerque a El. 
Pero esto es por cierto largamente insuficiente si lo que queremos es VER A DIOS. 
   
“Nadie puede ver a Dios sin morir”, dice la Escritura.
Por eso, aunque buena cosa es nuestra pequeña ofrenda y sacrificio, este es solo el comienzo, el testimonio que damos a Dios de nuestro deseo de  ir a El. 
Nadie lo consigue con la fuerza de sus puños porque no arrebatamos el cielo de esta manera. El "hacernos violencia" va por negarse a sí mismo y tomar la Cruz.
Nos falta estatura con creces y por eso descendemos en el camino más paradoxal para la razón, porque en Cristo, solo es grande el pequeño y solo primero el último.

Santa Teresita del Niño Jesús lo dice bien cuando nos invita a "jugar" a "quien pierde gana".
Esa es la vida espiritual en la que las reglas de la aritmética cartesiana no sirven. Vida toda sumergida en infancia espiritual, infancia que es abandono y abandono que es confianza.

El que guarda su vida la pierde, pero el que la pierde por causa del Hijo del hombre, la encuentra.

Y como Dios sabe que no llegaremos, entonces escucha nuestro deseo, nos toma y nos acerca a Él. 
De alguna manera la purificación pasiva de los sentidos es una anestesia en el alma y no en nuestra sensibilidad. El alma inteligible está naturalmente dispuesta a captar el entorno por los sentidos y espiritualmente también lo hace así, confirmando que la Gracia no prescinde de la naturaleza sino que la asume. Y por eso, cuando oramos, lo común es que iniciamos nuestra oración con una jaculatoria, oración vocal que es como una música que nos ayuda a descender al corazón del diálogo de amor con el trascendente y hablando con el Amor las palabras desaparecen con el silencio.
Durante este periodo de purificación llamada pasiva ocurre que nada hacemos por no poderlo, sino durar en medio de una angustia en la que nos dejamos modelar como El quiere y no como a mí me gustaría.  La Gracia actúa de modo acelerado transfigurando nuestra sencibilidad, nuestra psicología y todo nuestro ser.

Volviendo a la película, tenemos entonces un alma joven, físicamente débil, conciente totalmente que por sus fuerzas no alcanzará nada, pero con su fe, pequeña como un grano de mostaza, fe que se muestra también vacilante y flaca, pero fe al fin y al cabo que puede mover una montaña. 
No importa que sea solo una. 
Eso le basta, porque de todos modos el sabe que se presentará delante del Trono del Divino Juez con las manos completamente vacías, sin méritos, sin corona, sin gloria y cuyo solo propósito no ha tenido ninguna otra pretensión que el de pertenecerle solo a su Señor.
De allí la fuerza de la última línea que brota de su último aliento y de su último acto de fe,
pero por sobre todo, de este acto de amor y de Confianza…

¡Qué más da… Todo es gracia!

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FICHA TÉCNICA
Título original: Le journal d'un curé de campagne
Título en español: El diario de un cura rural
Año: 1951
País: Francia
Drama
Duración: 110 minutos
Dirección: Robert Bresson
Guión adaptado: Robert Bresson
Basado en: Le journal d'un curé de campagne (novela), de Georges Bernanos
Protagonistas: Claude Laydu, Nicole Ladmiral

Resumen argumental:

Adaptación cinematográfica de una obra literaria del respetado realizador francés Robert Bresson, quien en este caso se sumerge en temas difíciles como la fe y la religiosidad a partir del seguimiento del periplo de un joven sacerdote que realiza sus primeros pasos en una parroquia.
Con su minuciosidad habitual, Bresson sigue al joven en su búsqueda de la espiritualidad y lo muestra en absoluta soledad frente a una enfermedad que lo aqueja.

jueves, 14 de octubre de 2010

EL GRAN SILENCIO


"No le reces a Dios mirando al cielo, ¡mira hacia adentro!
No busques a Dios lejos de ti, sino en tí mismo...

No le pidas a Dios lo que te falta: ¡búscalo tú mismo!, y Dios lo buscará contigo, porque ya te lo dio como promesa y como meta para que tú lo alcances...


No reproches a Dios por tu desgracia; ¡súfrela con Él! y Él sufrirá contigo; y si hay dos para un dolor, se sufre menos...

No le exijas a Dios que te gobierne a golpe de milagros desde afuera; ¡gobiérnate tú mismo! con responsable libertad, amando, y Dios te estará guiando ¡desde adentro y sin que sepas cómo!..

No le pidas a Dios que te responda cuando le hablas; ¡respóndele tú!, porque Él te habló primero; y si quieres seguir oyendo lo que falta escucha lo que ya te dijo...

No le pidas a Dios que te libere, desconociendo la libertad que ya te dió. ¡Anímate a vivir tu libertad! y sabrás que sólo fue posible porque tu Dios te quiere libre...

No le pidas a Dios que te ame, mientras tengas miedo de amar y de saberte amado. ¡Ámalo tú! y sabrás que si hay calor es porque hubo fuego, y que si tu puedes amar es porque Él te amó primero.

San Agustín 

Iniciamos este breve comentario con las palabras del gran San Agustín que nos remiten a lo mismo que este documental: el interior.
Philip Gröning es el director  de esta magnífica obra que tomó un camino de 16 años en los cuales conoció al padre superior del monasterio de la Grande Chartreuse, tiempo durante el cual se tejieron los lazos suficientes para emprender este bello proyecto.
Tomó cuatro meses filmar la vida cotidiana de los monjes cartujos  quienes pusieron algunas condiciones como fuera no filmar con luz artificial, respetar el silencio y no poner música al filme. El resultado lo podemos gustar al visualizar la película. 
Ganadora de varios premios, "El gran silencio" resulta ser una experiencia autentica y fiel de la vida monástica tradicional que tiene lugar en este y otros monasterios.



El silencio siempre nos remite al interior y a lo escencial. Es por eso que Nuestro Señor nos invita a entrar en la "habitación interior" para así poder encontrar a nuestro Padre.

El silencio tiene la virtud de mostrarnos cual espejo, el estado de nuestra alma y de nuestro corazón.
Alguien me dijo que no soportó ver esta película: "a los pocos minutos me puse de pie y me fui". Pregunté a esta persona del por qué. "No lo se, hay algo que me incomoda, falta acción, no pasa nada, me angustia esto..."



  Muchas veces ocurre que estamos sumidos en el mundanal ruido, no solamente el ruido físico de las ciudades, del tráfico, del metro, de la oficina o el lugar de trabajo, las conversaciones, muchas de ellas tan inútiles y estériles, otras tan cargadas de juicios o dobles sentidos... También está el ruido interior del "diálogo con nosotros mismos", todos estos ruidos que dejamos que nos invadan como dejamos que las actividades de todo tipo invadan nuestra agenda de manera que al final no tenemos tiempo para ser felices o reconocernos como bendecidos de Dios.
El ruido del mundo actúa en nuestro interior como una anestesia aplicada en el lugar y en el momento menos oportuno. Y tal vez inconscientemente, pero otras no pocas veces muy concientemente,  acogemos este ruido y hasta lo procuramos para apartar de nuestro corazón la angustia.
¿Cuál angustia...?
La de reconocernos marchando por un camino alejado del fin último, un camino que, por interesante que nos parezca, no termina de agotar nuestra sed de infinito.




Jesús asegura que nadie puede servir a dos amos, cierto que se refiere al dinero, pero no es excepción de la regla el mundo y el mismo demonio bajo cuyas seducciones podemos caer y hasta algunas veces sin oponer mayor resitencia. Por eso también afirma nuestro Maestro: "Allí donde está tu tesoro estará tu corazón".
Una vez más estamos ante la ineludible responsabilidad de la conversión. Cierto que es un don y una gracia concedida por Dios, pero si mi voluntad no es movida por esa gracia,  Dios no puede ir más allá con nosotros. 
Esto pone en evidencia el mal uso que puedo hacer de mi libertad

Esta película contiene una gracia singular. Si la vemos con el ánimo como el de aquel que recibe algo, les aseguro que entraremos en el espíritu de la oración y nos daremos cuenta que nuestra vida está tan llena de cosas inutiles y aunque estas no fueran malas, ciertamente son accesorias y nos distraen, nos alejan de lo que en verdad sí importa.

¿Qué es lo que en verdad importa en esta vida...?



 


Nuevamente recurro a san Agustin quien lo dice y enuncia perfectamente en "De Civitate Dei" :


“Dos amores fundaron, pues, dos ciudades, a saber: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena, y el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial”. (La ciudad de Dios, XVII, 115).



... Y todo resuena en el Corazón de nuestro Dios.
La pregunta se impone: "Y tú: ¿ciudadano de dónde eres...?"


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Dios habla. El no es un charlatán. Su Palabra es El Verbo, el mismo que habitó entre nosotros. 
Dice san Juan que El vino a los suyos pero los suyos no le recibieron. Pero a los que le recibieron les dio el ser hijos de Dios. 

Un corazón lleno de ruidos no tiene capacidad de escuchar, anda alborotado y como una veleta se torna de manera sensual y desenfrenada ante cualquier estímulo, venga este de dónde venga.
Su Santidad Juan Pablo II dice que el hombre ha perdido la conciencia del pecado. Es muy cierto, muy real, muy presente y muy lamentable.
¿Cómo puedo escuchar la voz de Dios si no procuro prestarle atención con mi oído interior?
¿Cómo escuchare la moción del Espíritu Santo y la voz de mi conciencia si vivo acallándola con todas las preocupaciones, proyectos y con toda esta imaginación a la que santa Teresa de Ávila llama con justicia "La loca de la casa...."?





Así pues queridos amigos, quedan todos cordialmente invitados a ver este filme que será de mucho provecho para vuestras almas.

Dice San Agustín: "Temo a Dios que pasa y no se queda" 
Posiblemente la Providencia Divina quiso que pasaras por este humilde blog y que leyeras estas líneas para que comprendas que es verdad que Jesucristo está a la puerta de tu corazón y llama y que su llamado es permanente porque nos queda camino por andar.
Teme entonces a Dios, que pasa y no se queda. Cuida de no estar en el lugar de las vírgenes necias de la parábola que no supieron reconocer la hora de su visitación por el descuido, por faltar del aceite que alimentara sus lámparas. Cuida no faltar del aceite del amor.
Teme herir el amor del Amor  y confía en Aquel que con seguridad viene a visitarte.



Señor, concédenos el don de la vigilancia y el silencio interior para poder reconocer tus pasos y encontrándote y teniéndote podamos decir con los discípulos de Emaús: "Quedate con nosotros que cae la noche..." 













Dirección y guión: Philip Gröning.
País:
Alemania.
Año: 2005.
Duración: 164 min.
Género: Documental.
Producción: Philip Gröning, Michael Weber, Andreas Pfäffli y Elda Guidinetti.
Música: Philip Gröning y Michael Busch.
Fotografía:
Philip Gröning.
Montaje: Philip Gröning.
Estreno en Alemania: 10 Nov. 2005.
Estreno en España: 24 Noviembre 2006.





SINOPSIS


"El gran silencio" muestra por primera vez el día a día dentro del Grande Chartreuse, el monasterio de referencia en los Alpes franceses de la legendaria orden de los Cartujos. Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios, sin material adicional. Cambian las estaciones, los elementos cotidianos se repiten. Una película que no representa un monasterio sino que lo muestra. Una película sobre la presencia absoluta, sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación. (La Butaca)