lunes, 18 de octubre de 2010


EL DIARIO DE UN CURA RURAL




Hola a todos los seguidores y lectores del Cine Católico y Espiritual.
El día de hoy, fiesta del Evangelista san Lucas, vamos a hablar de esta película
tan especial, como especial es su director Robert Bresson, titulada “Le Journal d’un curé de campagne” o “El diario de un Cura Rural”

Esta no es cualquier película. La crítica especializada la tiene como obra maestra de Bresson junto con sus otros filmes “El proceso de Juana de Arco”, “Mouchette” y “Un condenado a muerte se ha escapado”, entre otras más.


 
Antes de comentar la película creo yo que es justo que hablemos del director.
Robert Bresson es un cineasta francés que vivó prácticamente durante todo el siglo pasado (1901-1999). Su vida está marcada por tres temas que son fundamentales para comprenderle: Su fe católica muy ortodoxa, su paso por un campo de concentración y su amor por la pintura y la fotografía.
El “cinematógrafo” Bressoniano es un cine que a propósito escarba en lo simple, en lo más cotidiano para encontrar allí lo profundo de lo humano, lo trascendente y lo espiritual. Es un estilo único inventado por Robert Bresson.
Bresson ha sido calificado por varios críticos de ser poseedor de un catolicismo jansenista, dotado de un rigor y un ascetismo extremo y sin evidenciar una mayor esperanza, lo cual es propio de una fe vinculada solo a la justicia e ignorante de misericordia. Su cine está desprovisto de actores profesionales y esto debido a que Bresson busca de modo infatigable la verdad más pura del personaje, no solo en su imagen sino también en el interior de la interpretación pura y sencilla, despojada de artificios y técnica. Y aún si sus películas están marcadas por algo de esto yo no creo que esta sea una lectura de su estilo del todo justa, por lo menos no lo es en este filme y veremos porque.



"Creo yo no hacer ningún mal
escribiendo aquí, día a día,
con una sinceridad absoluta,
los humildes e insignificantes secretos
de una vida por lo demás sin misterios"



UN JOVEN SACERDOTE EN MEDIO DE LA PRUEBA


“El Diario de un Cura Rural” procede de la obra del escritor francés, católico también, Georges Bernanos y nos cuenta en primera persona la vida íntima, la vida espiritual, de un joven sacerdote poseedor de una precaria salud.
Bresson toma esta historia y la hace suya.
La trama se desarrolla utilizando de soporte la lectura en “off” del diario del sacerdote, creando así una resonancia que llega con fuerza al espectador.
Es sumamente difícil lo que le toca vivir. Su primera experiencia en la “cura de almas” tiene lugar en un pueblo alejado, en medio de la campiña francesa. Lugar habitado por paisanos agrestes y esquivos y por una “familia” que está lejos de serlo, compuesta por un conde, su hija, la institutriz y la condesa que aparece en un muy segundo lugar dentro del grupo.

 
El sacerdote se propone dar lo mejor de sí aunque se encuentra afectado permanentemente por un mal estomacal que le deteriora progresivamente de manera creciente.
Un feligrés viene a golpear la puerta del presbiterio para exigir de manera prepotente un funeral gratuito para su difunta esposa. Las niñas y jóvenes se burlan del cura en la catequesis, el templo yace vacío o casi vacío por que solo asiste a cada Eucaristía una sola persona: la institutriz que se encuentra en una situación moral complicada.
El Sacerdote del vecino pueblo que ejerce autoridad sobre el novato cura, le increpa su falta de fuerza y carácter, su falta de oración y coraje.
Como ven, todo pinta bastante negro. Sin embargo a medida que avanzan las líneas en este tormentoso diario, va surgiendo como en una habitación oscura que deja penetrar por una rendija un solo rayo de luz y este se vuelve tan potente, tanto más cuanto abunda la noche oscura, y un movimiento de esperanza que se levanta esforzado ante la certeza de que Dios obra en medio de nuestras flaquezas.
Un encuentro con la Baronesa será prácticamente el único logro visible para su Ministerio Pastoral.
La enfermedad le va ganando días al breve tiempo que resta, el juicio de la "feligresía" que le ha dado desde un principio la espalda y una soledad enorme pesan sobre las frágiles espaldas de nuestro joven cura.


Una consolación le espera camino a la estación del tren. Un joven motociclista se ofrece a llevarle siendo esta experiencia consuelo para su atribulada alma.
Llegado a la ciudad y por obediencia, debe visitar al médico quien rápidamente le diagnostica un cáncer estomacal.


Los días de nuestro héroe, aparentemente sin batalla ni gloria, se van consumiendo como una lámpara cuya mecha termina de beber la última gota de aceite que le queda.
Dios como testigo del joven cura que muere, lejos de los suyos, lejos de su esquiva parroquia, en un apartamento ajeno y pobre de estudiante, acompañado por su diario, junto a Dios, testigo excepcional de esta noche y la última línea que difícilmente alcanza a escribir, nos revela la grandeza de este santo Cura.
Sus útimas palabras fueron:

¡Qué más da, todo es Gracia!



OBLIGADA LECTURA ESPIRITUAL

Cómo hacer una lectura de este filme sin caer en la fatalidad. Justamente creo que esta es la razón por la que muchos críticos no logran ver más allá del estilo muy particular que posee Bresson, descubren en esta cinta la degustación de fuertes sentimientos no del todo gratificantes y ven aquí el logro que Bresson procura en el espectador. Pero si fuera tal el fruto de la película uno podría preguntarse con suficiente razón si vale la pena verla. Puestos del otro extremo, sería como ver una cinta apuntalada por Sartres quien nos llevará por el camino de la angustia para invitarnos a asomarnos al precipicio de la depresión desde donde propone al espectador el lanzarse sin pensarlo mucho porque “la vida- según el seudo filósofo- es una nausea”.
 He aquí toda la diferencia entre el impío y el creyente.


Es muy injusto quedarse en lo superficial del filme y hay que ahondar en el.

La mejor manera de hacerlo es descubrir su sentido espiritual.
Tengo serias dudas sobre si todos los críticos de cine conocen lo que es la noche espiritual o la purificación pasiva de los sentidos. Solo la Teología espiritual y el testimonio que nos ofrece la  hagiografía de la vida mística puede mostrarnos algunas realidades sin las cuales podemos pasar de largo frente a esta pieza sin entender.
Este joven sacerdote atraviesa por una etapa de la vida mística previa a la unión con Dios y que está dentro de lo que se llama “vía purgativa”. Su deseo es enorme, el solo quiere darse como buen discípulo del Señor, el está dispuesto a darlo todo por amor al Ministerio y a las almas. El ha dicho en su corazón, cuya imagen es su diario: “Señor, te entrego toda mi vida, has de mi lo que quieras”. Dios escucha su oración y le acerca vertiginosamente a El porque sus días sobre esta tierra llegan a su ocaso. 


Y esta purificación se manifiesta cuando son retiradas del alma del creyente las experiencias sensibles de la fe. Parece como que todo el entorno de personas y hechos le dan la espalda y desaparecen como si fueran fantasmas. La vida de oración se torna, por decir lo menos, árida y aparece esta angustia que se hace insoportable, angustia la de creerse abandonado de Dios a quien no se deja de amar y desear ni tan solo por un instante.
Este es el contexto de semejante drama.
San Juan de la Cruz dice en “la subida al Monte Carmelo:

Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que gustas, has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees, has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo, has de dejarte de todo en todo,
Y cuando lo vengas del todo a tener, has de tenerlo sin nada querer.

En esta desnudez halla el espíritu su descanso,
porque no comunicando nada, nada le fatiga hacia arriba,
y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad.

De manera que esta subida a Dios comienza realmente por un gran descenso. 

¿Dónde descendemos?  A lo que en verdad somos, a nuestro polvo, a nuestra naturaleza que es naturaleza caída, herida por el pecado pero levantada por la gracia salvífica de Cristo. Y esta naturaleza es elevada por Dios con nuestra participación. Por eso la vía purgativa se manifiesta primariamente cultivando el espíritu de penitencia, el ayuno, las mortificaciones, los pequeños sufrimientos que voluntariamente ofrecemos a nuestro Dios para que así nos acerque a El. 
Pero esto es por cierto largamente insuficiente si lo que queremos es VER A DIOS. 
   
“Nadie puede ver a Dios sin morir”, dice la Escritura.
Por eso, aunque buena cosa es nuestra pequeña ofrenda y sacrificio, este es solo el comienzo, el testimonio que damos a Dios de nuestro deseo de  ir a El. 
Nadie lo consigue con la fuerza de sus puños porque no arrebatamos el cielo de esta manera. El "hacernos violencia" va por negarse a sí mismo y tomar la Cruz.
Nos falta estatura con creces y por eso descendemos en el camino más paradoxal para la razón, porque en Cristo, solo es grande el pequeño y solo primero el último.

Santa Teresita del Niño Jesús lo dice bien cuando nos invita a "jugar" a "quien pierde gana".
Esa es la vida espiritual en la que las reglas de la aritmética cartesiana no sirven. Vida toda sumergida en infancia espiritual, infancia que es abandono y abandono que es confianza.

El que guarda su vida la pierde, pero el que la pierde por causa del Hijo del hombre, la encuentra.

Y como Dios sabe que no llegaremos, entonces escucha nuestro deseo, nos toma y nos acerca a Él. 
De alguna manera la purificación pasiva de los sentidos es una anestesia en el alma y no en nuestra sensibilidad. El alma inteligible está naturalmente dispuesta a captar el entorno por los sentidos y espiritualmente también lo hace así, confirmando que la Gracia no prescinde de la naturaleza sino que la asume. Y por eso, cuando oramos, lo común es que iniciamos nuestra oración con una jaculatoria, oración vocal que es como una música que nos ayuda a descender al corazón del diálogo de amor con el trascendente y hablando con el Amor las palabras desaparecen con el silencio.
Durante este periodo de purificación llamada pasiva ocurre que nada hacemos por no poderlo, sino durar en medio de una angustia en la que nos dejamos modelar como El quiere y no como a mí me gustaría.  La Gracia actúa de modo acelerado transfigurando nuestra sencibilidad, nuestra psicología y todo nuestro ser.

Volviendo a la película, tenemos entonces un alma joven, físicamente débil, conciente totalmente que por sus fuerzas no alcanzará nada, pero con su fe, pequeña como un grano de mostaza, fe que se muestra también vacilante y flaca, pero fe al fin y al cabo que puede mover una montaña. 
No importa que sea solo una. 
Eso le basta, porque de todos modos el sabe que se presentará delante del Trono del Divino Juez con las manos completamente vacías, sin méritos, sin corona, sin gloria y cuyo solo propósito no ha tenido ninguna otra pretensión que el de pertenecerle solo a su Señor.
De allí la fuerza de la última línea que brota de su último aliento y de su último acto de fe,
pero por sobre todo, de este acto de amor y de Confianza…

¡Qué más da… Todo es gracia!

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FICHA TÉCNICA
Título original: Le journal d'un curé de campagne
Título en español: El diario de un cura rural
Año: 1951
País: Francia
Drama
Duración: 110 minutos
Dirección: Robert Bresson
Guión adaptado: Robert Bresson
Basado en: Le journal d'un curé de campagne (novela), de Georges Bernanos
Protagonistas: Claude Laydu, Nicole Ladmiral

Resumen argumental:

Adaptación cinematográfica de una obra literaria del respetado realizador francés Robert Bresson, quien en este caso se sumerge en temas difíciles como la fe y la religiosidad a partir del seguimiento del periplo de un joven sacerdote que realiza sus primeros pasos en una parroquia.
Con su minuciosidad habitual, Bresson sigue al joven en su búsqueda de la espiritualidad y lo muestra en absoluta soledad frente a una enfermedad que lo aqueja.

jueves, 14 de octubre de 2010

EL GRAN SILENCIO


"No le reces a Dios mirando al cielo, ¡mira hacia adentro!
No busques a Dios lejos de ti, sino en tí mismo...

No le pidas a Dios lo que te falta: ¡búscalo tú mismo!, y Dios lo buscará contigo, porque ya te lo dio como promesa y como meta para que tú lo alcances...


No reproches a Dios por tu desgracia; ¡súfrela con Él! y Él sufrirá contigo; y si hay dos para un dolor, se sufre menos...

No le exijas a Dios que te gobierne a golpe de milagros desde afuera; ¡gobiérnate tú mismo! con responsable libertad, amando, y Dios te estará guiando ¡desde adentro y sin que sepas cómo!..

No le pidas a Dios que te responda cuando le hablas; ¡respóndele tú!, porque Él te habló primero; y si quieres seguir oyendo lo que falta escucha lo que ya te dijo...

No le pidas a Dios que te libere, desconociendo la libertad que ya te dió. ¡Anímate a vivir tu libertad! y sabrás que sólo fue posible porque tu Dios te quiere libre...

No le pidas a Dios que te ame, mientras tengas miedo de amar y de saberte amado. ¡Ámalo tú! y sabrás que si hay calor es porque hubo fuego, y que si tu puedes amar es porque Él te amó primero.

San Agustín 

Iniciamos este breve comentario con las palabras del gran San Agustín que nos remiten a lo mismo que este documental: el interior.
Philip Gröning es el director  de esta magnífica obra que tomó un camino de 16 años en los cuales conoció al padre superior del monasterio de la Grande Chartreuse, tiempo durante el cual se tejieron los lazos suficientes para emprender este bello proyecto.
Tomó cuatro meses filmar la vida cotidiana de los monjes cartujos  quienes pusieron algunas condiciones como fuera no filmar con luz artificial, respetar el silencio y no poner música al filme. El resultado lo podemos gustar al visualizar la película. 
Ganadora de varios premios, "El gran silencio" resulta ser una experiencia autentica y fiel de la vida monástica tradicional que tiene lugar en este y otros monasterios.



El silencio siempre nos remite al interior y a lo escencial. Es por eso que Nuestro Señor nos invita a entrar en la "habitación interior" para así poder encontrar a nuestro Padre.

El silencio tiene la virtud de mostrarnos cual espejo, el estado de nuestra alma y de nuestro corazón.
Alguien me dijo que no soportó ver esta película: "a los pocos minutos me puse de pie y me fui". Pregunté a esta persona del por qué. "No lo se, hay algo que me incomoda, falta acción, no pasa nada, me angustia esto..."



  Muchas veces ocurre que estamos sumidos en el mundanal ruido, no solamente el ruido físico de las ciudades, del tráfico, del metro, de la oficina o el lugar de trabajo, las conversaciones, muchas de ellas tan inútiles y estériles, otras tan cargadas de juicios o dobles sentidos... También está el ruido interior del "diálogo con nosotros mismos", todos estos ruidos que dejamos que nos invadan como dejamos que las actividades de todo tipo invadan nuestra agenda de manera que al final no tenemos tiempo para ser felices o reconocernos como bendecidos de Dios.
El ruido del mundo actúa en nuestro interior como una anestesia aplicada en el lugar y en el momento menos oportuno. Y tal vez inconscientemente, pero otras no pocas veces muy concientemente,  acogemos este ruido y hasta lo procuramos para apartar de nuestro corazón la angustia.
¿Cuál angustia...?
La de reconocernos marchando por un camino alejado del fin último, un camino que, por interesante que nos parezca, no termina de agotar nuestra sed de infinito.




Jesús asegura que nadie puede servir a dos amos, cierto que se refiere al dinero, pero no es excepción de la regla el mundo y el mismo demonio bajo cuyas seducciones podemos caer y hasta algunas veces sin oponer mayor resitencia. Por eso también afirma nuestro Maestro: "Allí donde está tu tesoro estará tu corazón".
Una vez más estamos ante la ineludible responsabilidad de la conversión. Cierto que es un don y una gracia concedida por Dios, pero si mi voluntad no es movida por esa gracia,  Dios no puede ir más allá con nosotros. 
Esto pone en evidencia el mal uso que puedo hacer de mi libertad

Esta película contiene una gracia singular. Si la vemos con el ánimo como el de aquel que recibe algo, les aseguro que entraremos en el espíritu de la oración y nos daremos cuenta que nuestra vida está tan llena de cosas inutiles y aunque estas no fueran malas, ciertamente son accesorias y nos distraen, nos alejan de lo que en verdad sí importa.

¿Qué es lo que en verdad importa en esta vida...?



 


Nuevamente recurro a san Agustin quien lo dice y enuncia perfectamente en "De Civitate Dei" :


“Dos amores fundaron, pues, dos ciudades, a saber: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena, y el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial”. (La ciudad de Dios, XVII, 115).



... Y todo resuena en el Corazón de nuestro Dios.
La pregunta se impone: "Y tú: ¿ciudadano de dónde eres...?"


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Dios habla. El no es un charlatán. Su Palabra es El Verbo, el mismo que habitó entre nosotros. 
Dice san Juan que El vino a los suyos pero los suyos no le recibieron. Pero a los que le recibieron les dio el ser hijos de Dios. 

Un corazón lleno de ruidos no tiene capacidad de escuchar, anda alborotado y como una veleta se torna de manera sensual y desenfrenada ante cualquier estímulo, venga este de dónde venga.
Su Santidad Juan Pablo II dice que el hombre ha perdido la conciencia del pecado. Es muy cierto, muy real, muy presente y muy lamentable.
¿Cómo puedo escuchar la voz de Dios si no procuro prestarle atención con mi oído interior?
¿Cómo escuchare la moción del Espíritu Santo y la voz de mi conciencia si vivo acallándola con todas las preocupaciones, proyectos y con toda esta imaginación a la que santa Teresa de Ávila llama con justicia "La loca de la casa...."?





Así pues queridos amigos, quedan todos cordialmente invitados a ver este filme que será de mucho provecho para vuestras almas.

Dice San Agustín: "Temo a Dios que pasa y no se queda" 
Posiblemente la Providencia Divina quiso que pasaras por este humilde blog y que leyeras estas líneas para que comprendas que es verdad que Jesucristo está a la puerta de tu corazón y llama y que su llamado es permanente porque nos queda camino por andar.
Teme entonces a Dios, que pasa y no se queda. Cuida de no estar en el lugar de las vírgenes necias de la parábola que no supieron reconocer la hora de su visitación por el descuido, por faltar del aceite que alimentara sus lámparas. Cuida no faltar del aceite del amor.
Teme herir el amor del Amor  y confía en Aquel que con seguridad viene a visitarte.



Señor, concédenos el don de la vigilancia y el silencio interior para poder reconocer tus pasos y encontrándote y teniéndote podamos decir con los discípulos de Emaús: "Quedate con nosotros que cae la noche..." 













Dirección y guión: Philip Gröning.
País:
Alemania.
Año: 2005.
Duración: 164 min.
Género: Documental.
Producción: Philip Gröning, Michael Weber, Andreas Pfäffli y Elda Guidinetti.
Música: Philip Gröning y Michael Busch.
Fotografía:
Philip Gröning.
Montaje: Philip Gröning.
Estreno en Alemania: 10 Nov. 2005.
Estreno en España: 24 Noviembre 2006.





SINOPSIS


"El gran silencio" muestra por primera vez el día a día dentro del Grande Chartreuse, el monasterio de referencia en los Alpes franceses de la legendaria orden de los Cartujos. Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios, sin material adicional. Cambian las estaciones, los elementos cotidianos se repiten. Una película que no representa un monasterio sino que lo muestra. Una película sobre la presencia absoluta, sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación. (La Butaca)









 

martes, 12 de octubre de 2010

VISIÓN: UN FILM SOBRE SANTA HILDEGARD




LA VISIÓN DE SANTA HILDEGARD


Hola queridos amigos del Cine Católico y espiritual.
Hoy comentaremos una película que salio en septiembre de este año 2010 y que ha llamado la atención en tanto que nos acerca a un personaje de la "alta edad media" llamado Santa Hildegard de Bingen.
Creo que para la mayoría de creyentes, sobre todo para aquellos que conocemos más de cerca la vida de los testigos de Cristo, los santos, siempre hacemos esta experiencia de no quedar completamente conformes con el resultado de las películas que van saliendo en distintos lugares y épocas. Por un lado podemos ser indulgentes con los directores en tanto que, referir la vida de un santo es una empresa no poco difícil y cuánto más lo es si esta referencia esta versada en imágenes, como es el caso del cine. Pero, por otro lado, no bajo esta justificación podemos dejar de decir y nombrar los errores y desviaciones que puedan disminuir la calidad del filme.

Comentaré esta película desde mi perspectiva que, aunque particular, no deja de esforzarse por estar impregnada de aquello que enseña el Magisterio y lo que fue realmente la vida del santo del que nos ocupamos.

A favor puedo decir que la fotografía y la banda sonora destaca por sobre todo.
El juego de las luces y sombras que logra la directora Margarethe Von Trotta es de una belleza singular. La música, aunque es merito absoluto de nuestra santa Hildegard, tiene una interpretación muy cuidada lo mismo que el sonido. Los interpretes están todos a la altura lo mismo que la escenografía y el vestuario.


Es el argumento, el desarrollo de la historia que, aunque se adivina que viene acompañado de un real esfuerzo, no alcanza y se queda corto, muy corto, al punto que, desde mi opinión personal, esta película no nos muestra quién fue Santa Hildegard sino que solamente aparecen algunos aspectos y brebes rasgos de lo que fuera su vida, matizados creo yo, con una aproximación afectiva evidentemente exagerada y que no es fiel ni a la historia y menos al ambiente espiritual monástico. Esto último lo digo sobre todo a propósito de la relación afectiva cuasi fusional entre la discípula Richardis y nuestra santa.
Por lo tanto, recomiendo ver la película por los apuntes que hice al principio, pero si alguien quiere conocer a Santa Hildegarde me parece indispensable recurrir a su biografía directamente porque esta película no nos enseñará mucho más sobre ella.

 

Les invito a poner atención en algunos detalles. En primer lugar los detalles positivos:

- Aunque pueda parecer demasiado crudo, la llegada de la pequeña Hildegarde a sus tiernos ocho años al monasterio de Isibodenberg, en la Montaña de San Disibod en la Diócesis de Speyer, es testimonio de algo propio a la Edad Media. La vida del hombre estaba impregnada de Dios, no solo su vida espiritual sino también la vida familiar, laboral y cotidiana, cosa que por lo demás debe ser así en razón de la unidad de la persona (cuerpo y alma).
Hildegard es la décima hija de
Hildeberto y Matilde, padres de la santa y que posiblemente estaban emparentados con la nobleza del lugar y la época. Este gesto es respuesta a los dones de Dios a quien se le consagraba el diezmo de lo que se poseía. Además, Hildegard fue confiada a su madre espiritual, la sabia monja Juta quien no solo le supo prodigar la educación integral, de la ciencia y la moral sino que también la envolvió con su maternal afecto que trascendió tanto por que no solo fue afecto humano sino sobre todo espiritual.


 

- Encontramos en la vida medieval esta claridad con respecto a la finalidad de la vida del hombre y por supuesto también de la mujer. La madurez humana se alcanza en el momento en que somos padre y madre. Por ello el hombre de la Edad Media, apegado a una fe que no se desentiende de la razón, sino que, muy por el contrario adhiere a ella, encuentra que hay dos lugares para alcanzar esta madurez: el matrimonio con el fruto de los hijos y la familia y la vida consagrada que desborda en la paternidad y maternidad espiritual.
Esto al presente podría "perturbar a alguno", no importa. Puedo afirmarlo ¡eso no ha cambiado! No se alcanza la plena madurez humana sino por el ejercicio completo de la paternidad, sea esta material por generación o espiritual.


- La liturgia, que como sabemos, es el conjunto de signos y símbolos con los que la Iglesia rinde culto a Dios y se santifica, es un tema importante en la vocación de la santa. Instancia de encuentro con el Trascendente, diálogos de amor y melodía que brota de la glosolalia. Hildegard entendió bien esta enseñanza recibida de su madre Juta. Es extraordinario el desarrollo de las composiciones que realizó la santa, inspirada ciertamente por el Espíritu Santo. Dios le enseñó que la música era un extraordinario medio para sanar el alma. Pero ponga atención, no estamos hablando de cualquier música, sino de la música sacra.
No confunda con la aromaterápia y musicoterapia con incienso incluido. No se trata en absoluto de la moda del newage que de "new" no tiene nada porque es el mismo sincretísmo de antaño.
Vale la aclaración porque, no que otras armonías no tengan la virtud de sosegar el alma humana, ciertamente existen muchas otras melodías. Pero aquí hablamos de una "sanación interior" que sobrepasa lo natural (de lo contrario no sería sanación interior) para llevarnos a lo espiritual y sobrenatural. La verdadera sanación del hombre está en la elevación de su naturaleza herida por el pecado. Esta sanación es la santidad y toda sanación que se pretenda espiritual tiene por fin último hacer de nosotros santos.

 

_ Y por último quería comentar algo que se destaca bastante en el filme y es la sed de conocimiento en santa Hildegard. ¿Qué es lo que lleva a esta mujer a devorar los libros y envidiar santamente las bibliotecas famosas de la época?. La búsqueda de la Sabiduría. Esta búsqueda es sinónimo de la búsqueda de Dios y la poseen todos los santos. Si bien es cierto, es común a todos los hombres el deseo de conocer, la sabiduría es la sed que poseen aquellos que quieren conocer de la fuente misma, es decir de Dios.

- Hay otros varios rasgos que se pueden rescatar y eso se los dejo a ustedes.



Con respecto a las carencias de este filme sobre todo me gustaría hacerles algunos alcances.

- Aunque no es para nada el problema de esta película si vale la pena mencionar que, no falta quienes buscan ver en personajes como Teresa de Ávila, Santa Catalina de Siena y también en santa Hildegard, las representantes del feminismo de la época. La edad media estaba suficientemente impregnada de Cristo como para caer en errores tan burdos.
Es curioso que en esta edad "entenebrecida por la ignorancia" e insistentemente mentada por algunos hijos de la ilustración como "la edad oscura", las mujeres fueran lo suficientemente dueñas de una sana identidad de modo que esto les pusiera a salvo del error del feminismo que no es otra cosa que un machismo trasnochado

 

- El comienzo del filme es como un partido de fútbol en el que los rivales anotan un gol en los primeros segundos. Disculpen el paralelo pero algo de eso sentí... una pena.
Esta escena es el fruto de lo que nos enseñaron en las escuelas. Posiblemente ya lo saben ustedes. La historia se reescribió con la aparición de los ilustrados. Desde Descartes y Espinosa hasta llegar a Kant, los filósofos racionalistas se encargaron de mutilar salvajemente la historia impregnándola de prejuicios mentirosos. La primera gran mentira es la bandera que dicta que entre razón y fe no hay posibilidad de comunión. Quien no sabe dar razón de su fe ciertamente debe tener cuidado en lo que cree, si es que en verdad cree en algo porque pueda ser que alguien crea que cree y entonces la vida con sus sufrimientos pondrán a prueba esa fe y vera si en verdad lo era. La otra infame es el tremendo agujero de la línea del tiempo. ¿Qué es esto?. Lo que se enseña en las escuelas. Primero está la Edad Antigua con Egipto, los Chinos, espartanos y compañía hasta que llegamos a la caída del Imperio Romano de occidente y algo se balbucea del Imperio Romano de oriente con Bizancio.
Así, "mágicamente", del 476 d.C pasamos al renacimiento, la edad de las "Luces"en el siglo XVIII.
Y ¿dónde quedaron más de 1000 años de historia...?
"¡Ah, te refieres a la edad media, la edad del oscurantismo y la inquisición...!!!
Bueno, eso no cuenta porque el hombre estuvo alienado por la fe así que no hubo desarrollo, por el contrario eso fue solo oscuridad"



La Edad Antigua estuvo acompañada por la sed del hombre que buscaba lo trascendente y por eso está llena de ídolos que testifican esta ansia por lo espiritual y en medio Israel, principio de la Revelación.
La Edad Media es el tiempo en que la fe cristiana alcanzó al hombre como sociedad y es así como ella se entiende a sí misma, solo desde Dios por cuánto es el fin, El es el centro, Cristo es Rey y Reina en la Iglesia y en los pueblos, en las capillas y conventos como en las familias, las de los ricos y las de los pobres.
Luego viene el Renacimiento, el graciosamente llamado siglo de "las Luces" y el imperio de los racionalistas e ilustrados cuya batalla consiste en destronar a Dios del corazón del hombre y de los pueblos y poner en el centro al mismo hombre que se hace "dios" y con una arrogancia mayúscula y autocomplaciente se da palmaditas a sí mismo para decir: "ahora ya somos modernos".
Esta Edad contemporanea en la que nos toca vivir a tí y a mí ¿qué terminará siendo?
Sumidos en la paradoja del desarrollo vertiginoso de la tecnología que nos pisa los talones y a algunos hasta nos pasa por encima, vemos con no poco estupor cómo en materia de moral y espíritu, vertiginoso es también el espiral que nos aprisiona y en el que termina azotándose una y otra vez nuestra humana naturaleza caída, redimida al precio de la Sangre de Cristo pero enceguecida por su orgullo, ella olvida facilmente y no quiere volverse hacia Aquel que traspasaron.

Por esto alguien dijo y con razón: "El siglo XXI será místico o no será"
Y por ello también es necesario conocer a nuestros místicos como santa Hildegard

Así pues, la película empieza con este tremendo tropiezo cuando muestra a un grupo de tontos creyentes esperando supersticiosamente el fin del mundo a la llegada del primer milenio de la Era Cristiana. ¡ Mi querida Margarethe, revisa tus fuentes!

- Y por último algo que ya había anotado con anterioridad. Yo estoy seguro que si una postulante a monja de la orden Benedictina de ayer u hoy dijera a su superiora lo que en la película dice Richardis, pues inmediatamente la mandaría de vuelta a su casa. Esa relación maternofilial entre Richardis e Hildegard está alejada totalmente de la realidad porque se ha inflado de un modo, para mi gusto, grosero al punto de mostrarla casi alienante. Así que queridos amigos, no se lo crean que la historia va por otro lado.

A contnuación les invito a escuchar una de las muchas melodías cuya autora es nuestra querida santa Hildegard titulada "Caritas abundat in omnia"


Y para acercarnos más al personaje de santa Hildegarde les dejo este video muy interesante... algunas cosas pasaron en la Edad Media... de tanta Luz unos ciegos dicen que se ve solo oscuro.